Morado Orquídea

  • Pantone
    7436 C
  • RGB
    221, 177, 219
  • HEX
    #DDB1DB

El Morado Orquídea no proviene de ninguna tradición ancestral sino de la sofisticación contemporánea, cuando los sistemas cromáticos ya están asimilados y los artesanos comienzan a experimentar con sus posibilidades.

Su imaginario, naturalmente, parte de la orquídea, flor agreste y escasa con fama de bella, rara y algo inquietante. Precisa. Exigente. Distante. Ni profunda ni solemne. Tampoco romántica. Dejémoslo, simplemente, en escrupulosa.


En el siglo XIX y principios del XX, cuando los tintes sintéticos permiten afinar los violetas claros, comienza a asociarse con una feminidad menos simbólica y jerarquizada. No será el púrpura del poder ni el lila ingenuo, sino un morado que no se explica pero no se esconde, sin necesidad de respaldarse en ninguna tradición milenaria para imponerse: le basta con saber estar.

He aquí un morado claro y luminoso, con subtono rosado que lo sitúa entre lo frío y lo templado, con un carácter ligero y casi flotante, más sofisticado que el lila, pero menos rotundo que el púrpura, lo que le permite moverse con elegancia en terrenos intermedios.


A las pieles frías o neutras, con contrastes suaves y rasgos finos, delicadeza natural y cierta gracia distante les favorece de manera especial. Y en pieles muy cálidas, por el contrario, puede perder presencia si no se acompaña de actitud.


Su fuerza reside en sugerir sin imponer. Con su halo de misterio que no resulta pesado y una sensualidad sutil, apenas evidente. No irrumpe, permanece al margen. Y, cuando se percibe, es porque ya ha surtido efecto.


Combina con grises perla, blancos fríos bien afinados, rosas empolvados, azules suaves y plata mate, generando armonías silenciosas y refinadas.

Suele proliferar en joyería, maquillaje sofisticado y prendas delicadas, en piezas que se aprecian mejor a corta distancia y no requieren llamar la atención para hacerse notar.


No impone. Pero observa sin quitar ojo.