POEMA
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Cuando se inició la lectura de los poemas, empezaba a amanecer. Se encargó de la lectura el vicesecretario del consejo imperial, un hombre de aspecto imponente, con una voz privilegiada que daba un tono de grandiosidad a cuanto leía. Su manera de recitar resultaba insuperable. Todos los poemas parecieron interesantes: para conmemorar el evento, casi todos glosaban el tema del hijo de familia que, nacido en el lujo, prefiere, como aquellos estudiantes pobres del poema chino, estudiar a la luz de las luciérnagas o aprovechando el reflejo de la luna en la nieve. Todo lo que se compuso y leyó allí merecía ser llevado a China, en donde hubiese sido acogido y admirado con el mayor entusiasmo. Durante muchos días no se habló de otra cosa.
(Genji Monogatari, cap. 21, p. 571)
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